“Si su esposa lo escucha, la niña no sale viva…” El millonario volvió en secreto y lo que la empleada le rogó ver en el cuarto de su hija paralizó a todo México.

“Si su esposa lo escucha, la niña no sale viva…” El millonario volvió en secreto y lo que la empleada le rogó ver en el cuarto de su hija paralizó a todo México.

Sacó su teléfono. No llamó a los escoltas de la casa, pues ya no sabía de quién eran leales. Marcó 2 números. El primero fue al comandante de la policía ministerial, un viejo amigo de la familia. El segundo fue a la Licenciada Montes, la abogada penalista más temida de la ciudad.

—Montes, te necesito en mi casa de Lomas. Ahora. Trae todo tu equipo, la fuerza pública si es necesario. Mi esposa está cometiendo fraude, secuestro y extorsión contra mi hija. Que nadie salga de la propiedad.

Colgó. Se arrodilló frente a Camila, tomó su rostro entre las manos y le limpió las lágrimas con los pulgares.

—No vas a firmar nada. No te vas a ir a ningún lado. Y nadie en este país volverá a ponerte una mano encima. ¿Me escuchas? Se acabó.

En ese instante, un estallido de aplausos resonó desde la planta baja. El brindis había comenzado. Camila se puso lívida.

—Ya empezó —tembló.
Arturo se puso de pie, su postura transformada de la de un empresario cansado a la de un depredador dispuesto a matar.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top