—Si vuelves a mencionar a mi hija, me encargaré de que tu apellido sea sinónimo de miseria en este país durante las próximas 4 generaciones.
En ese momento, las puertas principales de la mansión se abrieron de golpe. La Licenciada Montes entró acompañada de 6 agentes ministeriales armados. La élite mexicana retrocedió, ahogando gritos de pánico.
Montes caminó directo a la mesa de caoba y tomó los documentos. Los leyó rápidamente y miró a Elena con asco.
—Fraude procesal, falsificación de firmas, intento de privación ilegal de la libertad de una menor e intento de extorsión. Se acabó el juego, Elena.
Elena perdió la cordura. Arrojó su copa al suelo, que se hizo añicos, y comenzó a gritar.
—¡Lo hice por nosotros! ¡Tú nunca estabas, Arturo! ¡Me dejaron sola manejando inversiones que se hundieron! ¡Ellos me iban a matar! ¡Camila es una niña malcriada que no entiende cómo funciona el mundo!
Desde la parte alta de la escalera, una voz clara y firme resonó.
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