—Arturo… —balbuceó, retrocediendo un paso.
Él avanzó lentamente, sus pasos resonando en el salón enmudecido.
—Veo que organizaste una fiesta para celebrar mi ausencia, Elena. Lástima que los vuelos se pueden adelantar.
El patriarca Garza intervino, intentando mantener la compostura.
—Arturo, amigo mío. Qué sorpresa. Estamos aquí celebrando la unión de nuestras familias. Tu esposa nos ha hecho el honor de…
—Tú y yo no somos amigos, Garza —lo cortó Arturo con un tono que heló la sangre de los presentes—. Y la única unión que vas a tener esta noche es con las rejas de una celda.
Santiago Garza dio un paso al frente, arrogante.
—Mire, señor Villanueva, su hija necesita apoyo. Su esposa nos explicó lo de sus… crisis nerviosas. Solo queremos proteger el patrimonio antes de que la niña cometa una locura.
Arturo lo miró fijamente.
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