El rostro de Paola se transformó. La máscara de la mujer sofisticada se hizo pedazos. Su piel se tornó roja por la furia, las venas de su cuello se marcaron y sus ojos inyectados en sangre miraron al niño de 3 años con un odio visceral.
—¡Maldito animal! —rugió Paola, olvidando por completo la presencia de sus amigas.
Levantó la mano derecha, preparándose para soltar 1 bofetada brutal contra el rostro del pequeño. Sofía, con lágrimas en los ojos, se lanzó para cubrir a su hermanito.
Pero el golpe nunca llegó a los niños.
Rosa, que estaba sirviendo café a pocos metros, soltó la charola, corrió como 1 flecha y se interpuso entre Paola y los pequeños.
El impacto sonó como 1 latigazo. La mano de Paola se estrelló con furia contra la mejilla de la empleada doméstica. La fuerza del golpe hizo que Rosa tropezara hacia atrás, sangrando ligeramente por el labio, pero se mantuvo firme, protegiendo a los niños con su cuerpo.
Las 15 invitadas jadearon de horror.
—¡Lárgate de mi casa ahora mismo, india asquerosa! —gritó Paola, completamente desquiciada—. ¡Estás despedida! ¡Voy a encargarme de que te pudras en la cárcel por robo!
Rosa levantó el rostro, miró a Paola con dignidad y respondió con voz firme:
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