El magnate que se disfrazó de jardinero: lo que descubrió entre su prometida y la sirvienta te dejará sin aliento

El magnate que se disfrazó de jardinero: lo que descubrió entre su prometida y la sirvienta te dejará sin aliento

—Usted me puede hacer lo que quiera, señora. Pero a estos niños no los vuelve a tocar.

El sonido metálico de unas pesadas tijeras de podar cayendo al suelo rompió la tensión.
Todos giraron la cabeza hacia el jardín.
El jardinero, “Don Santos”, comenzó a caminar lentamente hacia la terraza principal. Sus pasos pesados resonaban sobre la piedra. Con cada paso, la postura encorvada del viejo trabajador desaparecía, revelando la imponente figura de un hombre poderoso.

—¿Qué haces, imbécil? —le gritó Paola—. ¡Sácala de aquí y lárgate tú también!

Arturo no respondió. Llegó hasta donde estaban, se quitó las gafas oscuras, arrojó la vieja gorra de los Diablos Rojos al césped y, con 1 toalla húmeda que llevaba en el hombro, se limpió la suciedad y el maquillaje oscuro que manchaba su rostro.
Cuando levantó la vista, los ojos fríos e implacables de Arturo Robles, el magnate tequilero, clavaron su mirada en Paola.

1 de las invitadas dejó caer su copa de champaña, que se hizo añicos.

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