Con el tiempo, la familia de Maristela se desmoronó por su propia codicia. El brillo social se apagó. La mansión se convirtió en un recuerdo
Yo tomé una decisión: no iba a quedarme con ese dinero como si fuera un trofeo.
Fundé la Fundación de Becas Leónidas Calderón Albornó, para estudiantes de bajos recursos en logística e ingeniería de cadena de suministro. Quise que el esfuerzo de mi hijo siguiera vivo en otros sueños.
Para Tomás, creé un fideicomiso separado: educación y salud aseguradas, con administración profesional. Maristela recibiría una pensión mensual, pero sin acceso al capital.
No por venganza. Por protección.
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