Arturo soltó 1 risa amarga y desesperada.
—Seguro esconde dulces bajo la cama. Limpia bien mañana, Chelo, y no le metas más ideas absurdas en la cabeza.
Esa misma madrugada, cegado por el agotamiento y la manipulación de su esposa, Arturo tomó 1 cinturón de cuero y ató la muñeca sana de su hijo a la cabecera de la cama para evitar que siguiera golpeándose. Mientras el niño sollozaba en la penumbra, Miranda esbozó 1 sonrisa casi imperceptible desde las sombras. Todo estaba saliendo exactamente como ella lo había planeado, y nadie en esa casa estaba preparado para el horror indescriptible que estaba a punto de desatarse bajo ese caparazón blanco.
PARTE 2
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