—Investigamos hasta el último centavo a esa empresa fantasma, señor juez —reveló Elena, soltando el bombazo final que destruiría al director—. La compañía se llama Construcciones Valle de Bravo, y adivine qué sorpresa… está registrada legalmente a nombre del cuñado directo del Licenciado Villalpando. Aquí están las actas constitutivas originales.
El silencio en la inmensa sala fue absoluto, denso y cortante como 1 cuchillo. La trampa era asquerosamente evidente: Villalpando inflaba facturas millonarias, desviaba el dinero del gobierno a la cuenta bancaria secreta de su cuñado en las Islas Caimán, y usaba el nombre y las firmas falsificadas del viejo Tomás para lavarse las manos y tener 1 chivo expiatorio perfecto.
Villalpando se puso pálido como el papel, tartamudeó buscando 1 excusa barata, alegando que todo era 1 error administrativo. Pero la peor humillación pública apenas comenzaba. Las pesadas puertas del tribunal volvieron a abrirse de par en par, y 1 multitud de más de 50 vecinos de Chalco entró al lugar exigiendo justicia.
Estaba el dueño de la fonda de la esquina, Doña Chuy la señora de los tamales, antiguos alumnos ya graduados y madres de familia de la colonia. Todos dejaron sus trabajos y venían a respaldar con su vida al hombre humilde que los había cuidado, aconsejado y ayudado durante 38 años.
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