Arturo pasó de largo, dejando a Roberto con la mano extendida en el aire, humillado a la vista de todos. El magnate caminaba como si estuviera hipnotizado. Al principio, la multitud pensó que miraba hacia la barra de bebidas, pero sus ojos oscuros estaban fijos en la esquina más apartada del salón. Estaban fijos en la mujer del vestido azul marino.
Arturo se acercó a Elena lentamente, con la respiración entrecortada. Cuando se detuvo frente a ella, el salón entero estaba sumido en un silencio sepulcral. Con una mano temblorosa, el hombre más rico de la sala tomó la mano de la mujer que todos habían ignorado.
“Te he buscado durante 30 años”, susurró Arturo.
A Elena se le heló la sangre en las venas.
A 2 metros de distancia, Roberto dejó caer su copa. El cristal estalló contra el suelo de mármol. Nadie en ese salón, y mucho menos su arrogante esposo, podía imaginar la tormenta perfecta que estaba a punto de desatarse.
PARTE 2
“¿Arturo?”
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