Lo miré fijamente. Vi al niño que crié solo, al adolescente que abrazé con orgullo, al joven que un día me llamó “el mejor padre del mundo”.
Pero ese hombre ya no estaba frente a mí.
—Está bien, hijo —respondí con calma—. Es tu decisión.
Andrés pareció sorprendido.
—¿De verdad?
—Sí. Solo… no olvides revisar tu celular.
No le di tiempo a reaccionar. Me di la vuelta y caminé hacia mi camioneta sin mirar atrás.
Pero sabía algo que él todavía no.
Todo estaba a punto de cambiar.
Leave a Comment