Treinta minutos después, ya en casa, mi teléfono comenzó a sonar sin parar.
Llamadas. Mensajes. Desesperación.
No respondí.
Sabía perfectamente lo que Andrés había recibido.
A las 4:45 p.m., justo después de que me echara de su boda, le llegó un paquete de documentos legales que yo había preparado durante meses.
No fue impulsivo. Fue una decisión.
Leave a Comment