Apenas 12 días atrás, la vida de Valeria parecía el sueño de cualquier familia acomodada. Sin embargo, la realidad se rompió la noche en que inició su labor de parto. Dio a luz completamente sola en 1 fría habitación de 1 hospital privado. Arturo nunca llegó a ver nacer a su primogénito.
Le había enviado 1 mensaje de texto rápido y cortante diciendo que tenía 1 urgencia con unos inversionistas, que los negocios no podían esperar y que dejara de exagerar el dolor porque “todas las mujeres paren y no es para hacer tanto drama”.
Valeria aguantó las contracciones sola hasta que el dolor le cortó la respiración. Lo llamó 1 vez. Luego 2. Hasta acumular 15 llamadas perdidas. El teléfono de Arturo mandaba directamente al buzón de voz.
Su hijo nació de madrugada, pesando casi 3 kilos, pequeño y perfecto. Cuando la enfermera se lo entregó, Valeria rompió en 1 llanto ahogado. Era 1 amor inmenso, manchado por el ardor insoportable del abandono.
—Señora, ¿quiere que marquemos al papá para que venga a conocer al niño? —preguntó la enfermera con evidente lástima.
Valeria miró la pantalla vacía de su celular.
Leave a Comment