—No hace falta —susurró, tragándose el orgullo.
Lo que Arturo ignoraba por completo esa mañana en el despacho, mientras le sonreía a su amante creyendo que iba a destruir a su esposa legalmente, era que el verdadero juego apenas comenzaba. Era absolutamente imposible imaginar la magnitud de la tormenta que se avecinaba. Definitivamente, nadie en esa sala estaba preparado para la brutalidad de lo que Valeria estaba a punto de detonar…
PARTE 2
El falso castillo de naipes de Arturo había comenzado a derrumbarse al día siguiente del parto. 1 notificación iluminó la pantalla del celular de Valeria mientras amamantaba con dolor. Era 1 fotografía que le llegó por 1 supuesto error de 1 número desconocido, pero el mensaje visual era claro como el agua.
En la imagen de alta calidad se veían 2 copas de champaña a medio tomar, 1 cama de hotel lujosa totalmente desordenada y, reflejado en el espejo del fondo, el inconfundible tatuaje del brazo de Arturo rodeando por la cintura a Sofía.
Valeria no gritó. No armó 1 escándalo en los pasillos del hospital. Simplemente no tenía las fuerzas físicas para hacerlo. Tenía la herida de la cirugía ardiendo, 38 grados de fiebre, los pechos lastimados y 1 bebé que lloraba cada 2 horas exigiendo alimento y consuelo. El dolor físico en su vientre era insoportable, pero el dolor en el pecho, ese que te rompe el alma en 1000 pedazos por la traición del hombre que amas, era infinitamente más oscuro.
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