El rosario no es solo repetir Ave Marías.
Es contemplar la vida de Cristo con los ojos de María.
Cada misterio es una puerta espiritual:
Belén, el Calvario, la Resurrección, Pentecostés…
Cuando no se meditan los misterios, la oración se vuelve mecánica.
Pero cuando se contempla, el Espíritu Santo actúa, sana y transforma.
El enemigo no teme palabras repetidas.
Teme corazones que entran en la vida de Cristo.
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