Muchos llevan el rosario como si fuera un talismán.
Lo cuelgan, lo guardan, lo exhiben… pero no lo rezan.
El poder del rosario no está en las cuentas,
está en la oración.
Un rosario sin vida de oración es como una espada sin filo.
Existe, pero no combate.
La fe no está en el objeto, está en el corazón que ora.
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