—Licenciada, despierte —dijo Alejandro por teléfono. Al otro lado de la línea estaba Carmen Rojas, la abogada corporativa más temida de Nuevo León.
—Don Alejandro, son las 12:15 de la madrugada, ¿qué sucede?
—Quiero que actives la destrucción financiera de Diego Montalvo. Compra todas sus deudas. Congela sus tarjetas. Cancela los fideicomisos. Ese infeliz está en Cancún celebrando mientras mi hija está en el quirófano. Para las 2 de la mañana, quiero que ese parásito no sea dueño ni de la camisa que lleva puesta.
—Considérelo un hecho —respondió la abogada.
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