—Un enfermero le hizo análisis de sangre a mi hija antes de la cirugía. Sus niveles de insulina eran incompatibles con la vida. Sofía no es diabética. Alguien le inyectó una dosis masiva para provocarle un coma hipoglucémico, hacerla perder el equilibrio y empujarla por las escaleras.
Diego tragó saliva. Sus manos empezaron a temblar.
—Nadie… nadie puede probar que fui yo. No tienen pruebas.
Un leve sonido provino de la cama. Un suspiro áspero y doloroso. Todos voltearon. Sofía tenía los ojos abiertos a la mitad. Aún estaba sedada, adolorida, pero estaba consciente. Había escuchado todo.
Alejandro corrió a tomar la mano de su hija.
—Mi niña…
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