Sofía giró lentamente la cabeza hacia donde estaba Diego. Sus ojos, antes llenos de amor ciego, ahora solo reflejaban asco.
—Tú me inyectaste —susurró Sofía, con una voz apenas audible pero firme—. Me sostuviste de los brazos. Me dijiste que valía más muerta que viva. Yo… yo te vi.
El mundo de Diego se derrumbó en ese segundo. Los policías le pusieron las esposas mientras él sollozaba, rogaba y maldecía, pero ya nadie lo escuchaba. Lo arrastraron fuera del hospital hacia la patrulla que lo llevaría al penal de Topo Chico.
La noticia fue la bomba mediática del año. Las redes sociales y los noticieros no hablaban de otra cosa. El “viudo negro” de San Pedro Garza García enfrentaba cargos por tentativa de feminicidio, fraude agravado y extorsión. Fue condenado a 45 años de prisión. Su amante también pisó la cárcel por encubrimiento y robo de joyas.
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