Salí a “comprar” y desaparecí para siempre. A mis 69 años dejé de ser su sirvienta.

Salí a “comprar” y desaparecí para siempre. A mis 69 años dejé de ser su sirvienta.

Sequé mis manos.

Me quité el delantal.


—Voy a salir un momento —dije.

—Trae pan —respondió mi hijo, sin mirarme.


Asentí.

Sonreí.


Y salí.


🌍 La libertad que nunca imaginé

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top