Tres semanas antes del anuncio oficial, escuché por casualidad una conversación entre mi jefe y un directivo de corporativo.
Mi nombre salió en la charla.
“Es sólido, pero no es material ejecutivo”, dijo mi jefe.
Luego agregó algo que me heló la sangre:
“Tiene una hija y responsabilidades. No va a causar problemas”.
En ese pasillo entendí todo. No era falta de capacidad. Era conveniencia.
Creían que no me iría. Que el miedo me mantendría alineado.
Se equivocaron.
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