Entré a la empresa en 2019, justo después de mi divorcio. Necesitaba estabilidad. Tenía una hija adolescente y una manutención mensual que cumplir sin fallas.
Me prometieron crecimiento. Me dijeron que era “material de gerencia”.
Y cumplí.
- Rescaté cuentas en crisis.
- Fortalecí relaciones con proveedores.
- Organicé sistemas que nadie más entendía.
- Recibí evaluaciones perfectas año tras año.
Mientras tanto, mi hija me veía trabajar los domingos por la mañana. Yo le decía que estaba “construyendo algo importante”.
No sabía que estaba construyendo el camino para que alguien más lo recorriera.
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