Después de que se fueron, vi a Roberto como pocas veces en la vida.
No dijo mucho… pero no hacía falta.
Su mirada lo decía todo.
Ese hombre fuerte, que siempre sostuvo a la familia, parecía no comprender cómo aquello que construimos con tanto esfuerzo se había vuelto tan distante.
Nos quedamos en silencio, aceptando una verdad difícil:
nuestros hijos ya no saben compartir tiempo juntos… y tal vez tampoco con nosotros.
Leave a Comment