En el cumpleaños de mi esposo reuní a nuestros hijos, pero lo que ocurrió dejó en evidencia una distancia que nunca imaginé.

En el cumpleaños de mi esposo reuní a nuestros hijos, pero lo que ocurrió dejó en evidencia una distancia que nunca imaginé.

Pasaron apenas unos minutos hasta que empecé a notar señales.

Las conversaciones eran rápidas, superficiales.
Las miradas al reloj eran constantes.

Había prisa… una prisa que no entendía.

Antes de terminar siquiera el primer vaso de bebida, comenzaron a hablar de irse.

Les pedí que al menos esperaran a que saliera la torta del horno. Aceptaron… pero no por ganas, sino por compromiso.

Ese almuerzo que preparé con tanto amor… nunca llegó a servirse.

Roberto y yo terminamos comiendo todo, solos, durante los días siguientes.

Distancias que crecen sin ruido

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top