Otro cambio frecuente está relacionado con la regulación de la temperatura corporal. Con el paso de los años, el cuerpo pierde parte de su capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios de clima. Esto puede provocar que algunas personas sientan frío con mayor facilidad o, por el contrario, que experimenten calor de manera más intensa. Además, la disminución en la sudoración dificulta el enfriamiento del organismo, lo que puede aumentar el riesgo ante temperaturas extremas. Por este motivo, es fundamental prestar atención a la hidratación y al uso de ropa adecuada según el entorno.
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