Esto significa que miles de pequeños vasos sanguíneos en la piel y las extremidades se contraen de manera repentina para conservar el calor.
El resultado es un aumento repentino de la presión arterial.
En algunos casos, este aumento puede ser considerable en cuestión de segundos.
Para un corazón sano puede no representar un problema, pero para un corazón con arterias más rígidas o con antecedentes de hipertensión, el impacto puede ser significativo.
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