Por suerte, la alimentación también puede ser una gran aliada para prevenir los cálculos renales. El primer paso es mantener una hidratación constante. El agua ayuda a diluir los minerales y eliminar los desechos que podrían convertirse en piedras. Beber entre dos y tres litros diarios es esencial para mantener los riñones funcionando correctamente.
Otro aliado natural es el limón, así como otros cítricos. Estas frutas contienen citrato, una sustancia que impide que el calcio y el oxalato se unan. Incorporar jugo de limón natural o agua con rodajas de cítricos a la dieta puede marcar una gran diferencia. Del mismo modo, las frutas y verduras frescas ayudan a equilibrar el pH de la orina, favoreciendo la función renal y reduciendo el riesgo de acumulación de minerales.
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