Carmen bajó por el terraplén y subió los crujientes escalones de metal. Olía a tierra seca y a abandono. Se acurrucó en los asientos traseros que aún conservaban algo de espuma, usó su rebozo como almohada y, por fin, dejó que las lágrimas brotaran. Lloró por la humillación, por la falta de piedad y por la cruel traición de Luis.
Pasaron 5 días de supervivencia extrema en el camión. Una tarde, el dolor en sus costillas la obligó a levantar la base del asiento trasero buscando acomodarlo. Su mano rozó algo frío escondido en la estructura. Metió todo el brazo y sacó una vieja lata de ate de membrillo, de esas de metal pesado, completamente sellada con cinta adhesiva endurecida por los años. Con dedos temblorosos y la ayuda de 1 piedra, logró botar la tapa. Adentro había un sobre de papel amarillento envuelto en plástico grueso.
Justo cuando desdoblaba el documento, escuchó el crujir de ramas gruesas allá afuera. 2 camionetas negras sin placas se detuvieron al borde del barranco. 4 hombres armados bajaron en silencio, llevando pesados bidones de gasolina en las manos, y comenzaron a rodear el camión oxidado.
No vas a creer lo que está a punto de suceder…
PARTE 2
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