Enterré a mi marido hace seis meses. Ayer lo vi con vida en el supermercado.

Enterré a mi marido hace seis meses. Ayer lo vi con vida en el supermercado.

—¿También se parecen en el meñique roto? —le respondí.

Rodrigo se pasó la mano por la cara.

—Mamá, enterramos a papá. Tú estabas ahí. Yo estaba ahí.

—Ataúd cerrado —dije despacio—. Nadie me dejó verlo.

No respondió.

Lo miré y sentí algo peor que el dolor abrirse paso dentro de mí.

—¿Qué sabes, Rodrigo?

Bajó la mirada.

—Vamos a esa casa —ordené.

Fuimos en silencio. Nos estacionamos a media calle. No pasaron ni cinco minutos cuando la puerta se abrió y él salió. Mi hijo se inclinó hacia adelante para verlo mejor.

Entonces se quedó rígido.

El color se le fue del rostro.

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