La camarera abofeteó a la prometida del jefe de la mafia; su siguiente movimiento dejó atónito a todo el restaurante…

La camarera abofeteó a la prometida del jefe de la mafia; su siguiente movimiento dejó atónito a todo el restaurante…

Se acercó con la botella de champaña francesa. Se inclinó para servirla.

Fue entonces cuando Regina movió el brazo bruscamente.

La botella resbaló.

El líquido dorado cayó sobre el vestido blanco de seda italiana de Regina como una cascada de luz y ruina.

El salón aspiró al unísono.

Mariana se quedó helada.

—¡Estúpida! —gritó Regina, levantándose de golpe—. ¿Sabes cuánto cuesta este vestido? Podrías vender un riñón y ni así pagar el dobladillo.

—Lo siento muchísimo, señora. Déjeme ayudarla…

—¡No me toques!

Le apartó la mano de un manotazo.

—Basura. Muerta de hambre. Lo hiciste a propósito. Te vi mirando a Sebastián.

Mariana sintió que la cara le ardía.

—No estaba mirando a nadie.

Sebastián no se movió.

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