Yo lo miré esperando que entendiera la humillación. No lo hizo.
—¿Podemos no hacer drama ahorita? —dijo.
Así que cuando esa noche en el sillón soltó: “Mi mamá cree que yo podría estar con alguien mejor”, no se sintió como un rayo. Se sintió como el sonido final de algo que llevaba mucho tiempo cuarteándose.
Lo miré y sentí algo asentarse dentro de mí. No rabia. No tristeza. Claridad.
—Tienes razón —dije.
Eso sí hizo que levantara la vista.
—¿Perdón?
—Tienes razón.
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