El nieto hablaba inglés para engañar a su abuela, sin saber que el loro podía hablar siete idiomas…

El nieto hablaba inglés para engañar a su abuela, sin saber que el loro podía hablar siete idiomas…

Pancho, el loro que vivía junto a la ventana desde tiempos de su difunto esposo, abrió las alas con violencia y lanzó un grito tan agudo que Vanessa dio un respingo.

—Qué animal tan escandaloso —murmuró ella.

—Es solo un loro —dijo Diego, impaciente—. Abuela, escúchame bien. El gobierno va a pagar millones por este rancho.

Mercedes sintió que por dentro algo se le endurecía.

Comieron juntos en la cocina. Ella había servido mole, frijoles, arroz, tortillas recién hechas. Vanessa apenas probó la comida, picando el plato como si temiera ensuciarse con la salsa. Diego, en cambio, comía deprisa, ansioso, como un hombre que quiere terminar rápido una ceremonia incómoda para pasar al verdadero asunto.

Sacó un mapa y lo abrió sobre la mesa.

—Van a construir una autopista federal —explicó—. Pasará justo por aquí. Esta zona será expropiada y pagarán una compensación enorme. Estamos hablando de cinco millones de pesos, abuela. Cinco millones. Ya vendieron los vecinos. Solo falta tu firma.

Mercedes levantó la vista despacio.

Mentira.

Aquella misma mañana había visto a don Melchor en el mercado, y el viejo no había vendido ni una hectárea. Además, si de verdad hubiera una carretera así, el notario del pueblo ya lo sabría, y ella no había oído ni un rumor.

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