Cambiar de hábito no es fácil, especialmente si llevamos años durmiendo de la misma manera. Pero con estos pequeños trucos, la adaptación será más natural:
Usa almohadas en la espalda para evitar girarte sin darte cuenta.
Coloca una almohada entre las rodillas para mantener una alineación adecuada.
Usa una almohada cervical que mantenga la cabeza alineada con la columna.
Crea una rutina nocturna relajante para inducir el sueño en la nueva postura.
Este tipo de ajustes son especialmente importantes en personas con problemas de circulación, várices, fatiga crónica o antecedentes cardíacos.
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