A medida que envejecemos, el cuerpo va perdiendo elasticidad vascular, los pulmones pierden capacidad de expansión y el sistema digestivo se vuelve más lento. Todo eso se agrava si adoptamos posturas inadecuadas durante la noche.
Y es que el corazón ya no tiene la misma fuerza ni eficiencia para bombear sangre si está bajo presión. Dormir del lado izquierdo lo obliga a trabajar más duro, y este esfuerzo constante puede generar consecuencias como:
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Arritmias nocturnas
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Fatiga al despertar
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Tensión arterial alta
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Palpitaciones
Incluso en personas aparentemente sanas, mantener una postura incorrecta noche tras noche puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
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