Y entonces escuché la voz de Matías.
“¿Cuánto tiempo puede estar así?”
No sonaba angustiado, sonaba cansado.
El doctor respondió algo que no alcancé a escuchar bien, pero capté palabras sueltas: semanas, meses, no hay garantías.
Quise gritar. Quise decirle que estaba ahí, que podía escucharlo, que no me dejara. Pero mi cuerpo no respondió y todo volvió a la oscuridad.
El coma es un lugar extraño. No es como dormir, no es como soñar. Es como estar suspendida entre dos mundos, ni aquí ni allá. A veces escuchaba voces, a veces sentía manos tocando las mías, pero no podía responder.
Los primeros días o semanas, no estoy segura, escuché a Matías venir a visitarme. Entraba, se sentaba junto a mi cama y hablaba.
“Mamá, no sé si puedes escucharme. Los doctores dicen que tal vez sí, que tal vez ayuda”.
Hacía una pausa.
“Petra dice que tenemos que ser realistas, que tú no quisieras vivir así”.
Otra pausa más larga.
“No sé qué hacer. Mamá, no sé qué quieres que haga”.
Y luego se iba.
Yo quería gritarle: “Estoy aquí. Estoy luchando. No me dejes”. Pero no podía.
Las visitas de Matías se volvieron menos frecuentes. Al principio venía todos los días, luego cada dos días, luego una vez por semana. Y cuando venía ya no hablaba tanto, solo se sentaba en silencio. A veces susurraba:
“Lo siento, mamá”.
Pero nunca decía por qué lo sentía.
Un día escuché a Petra. Era la primera vez que venía, o al menos la primera vez que la escuchaba. Su voz era fría, impaciente.
“Matías, no podemos seguir pagando esto. El hospital es carísimo”.
“Es mi madre, Petra”.
“Lo sé, pero los doctores dicen que puede estar así por meses o años. Vamos a gastar todos nuestros ahorros en esto”.
“¿Qué quieres que haga? ¿Que la desconecte?”
“No digo eso. Solo digo que tenemos que pensar en nosotros también”.
Hubo un silencio.
“Ella tiene una casa”, dijo Petra. “Una casa grande, está vacía. Podríamos…”
“No”. La voz de Matías sonó firme. “No voy a tocar su casa”.
“No estoy diciendo que la vendas, solo que la usemos temporalmente mientras ella está aquí”.
“Petra, ya dije que no”.
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