Soy la madre de Alejandro.
Mi corazón dio un salto.
Continué leyendo.
Durante años trabajé en esta fábrica cuando todavía pertenecía a nuestra familia.
Pero cuando mi esposo murió, algunos socios intentaron quedarse con todo.
Alejandro luchó mucho para recuperar la empresa.
Y lo logró.
Pero aún quedan personas dentro de la compañía que buscan destruirla desde adentro.
Mis manos comenzaron a sudar.
No puedo decirle esto directamente a mi hijo.
Sé que lo están vigilando.
Por eso escondí este mensaje.
Entre quince frascos.
Confiando en que alguien con buen corazón los rescataría.
Sentí un nudo en la garganta.
En el cuaderno encontrarás documentos que prueban quién está vendiendo secretos de la empresa.
La llave abre un viejo archivo en la oficina administrativa de la fábrica.
Alejandro no sabe que todo esto existe.
Pero tú debes mostrárselo.
Porque la empresa necesita a personas honestas.
Como tú.
La carta terminaba con una frase sencilla.
Gracias por no tirar el frasco.
Me quedé en silencio durante varios minutos.
El viento soplaba entre las ruinas de la fábrica.
Sostuve el cuaderno con fuerza.
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