El jefe regaló frascos de encurtidos hechos por su madre, y toda la oficina se burló. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Solo yo fui la única que se los llevó a casa. Pero nunca imaginé… que uno de esos frascos escondía un código que revelaría el secreto de toda la empresa…

El jefe regaló frascos de encurtidos hechos por su madre, y toda la oficina se burló. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Solo yo fui la única que se los llevó a casa. Pero nunca imaginé… que uno de esos frascos escondía un código que revelaría el secreto de toda la empresa…

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Busqué alrededor hasta encontrar una barra de metal oxidada cerca de la pared.

La usé como palanca.

Después de varios intentos, la losa se levantó lo suficiente para meter los dedos.

La empujé con todas mis fuerzas.

La losa se movió.

Debajo…

había una pequeña caja metálica.

Vieja.

Pero intacta.

Mis manos temblaban cuando la saqué.

La tapa estaba asegurada con un simple cierre oxidado.

Respiré hondo.

Y la abrí.

Dentro había tres cosas.

Un sobre amarillo.

Un pequeño cuaderno.

Y una llave.

Abrí el sobre primero.

Dentro había una carta escrita a mano.

La letra era temblorosa.

Pero clara.

Comencé a leer.

Si encontraste este mensaje, significa que todavía existen personas que valoran las cosas sencillas.

Mi nombre es Elena Torres.

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