Condenada por médicos, compró una casa por 50 pesos para esperar la muerte… y entonces todo cambió…

Condenada por médicos, compró una casa por 50 pesos para esperar la muerte… y entonces todo cambió…

Ya se lo dije ayer, ese jacal en lo alto del cerro no es lugar para una cristiana, menos para una mujer sola y enferma, con todo respeto. Elena mantuvo la mirada fija. No tenía fuerzas para discutir, pero su determinación era tan dura como las piedras del camino. Necesito un techo, don Manuel. No tengo a dónde más ir y es lo único que puedo pagar. Usted dijo que nadie la quería, que estaba en ruinas. No es solo que esté en ruinas, mujer, insistió el hombre bajando la voz y persignándose rápidamente.

Es que ese lugar tiene mala fama. La gente del pueblo no sube allá ni a buscar leña. La antigua dueña, doña Inés, que Dios la tenga en su gloria o donde haya decidido ponerla, murió mal. Dicen que se volvió loca, gritaba cosas por las noches, hablaba con el viento. La encontraron días después de muerta y dicen que los coyotes ni se acercaron al cuerpo. La tierra allá arriba rechaza a los vivos. Doña Elena, es un lugar triste, amargo.

La soledad no me asusta, don Manuel, respondió Elena, y por primera vez una lágrima solitaria trazó un camino por su mejilla demacrada. La soledad es lo único que me ha acompañado desde que mi Ramón se fue y la amargura. Bueno, creo que ya tengo suficiente de eso en mi propia sangre. El hombre la miró a los ojos y vio un vacío tan profundo que le dio escalofríos. Comprendió que no estaba vendiendo una casa para vivir, sino una tumba para morir.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top