…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Lo miré fijamente.

—“El perdón no se pide cuando ya perdiste todo.”

El hombre no respondió.

—“Se pide cuando todavía hay algo que salvar.”

Esa noche, no pude dormir.

Pensé en Juan.

En el niño que cargué.

En el joven que crié.

En el hombre en que se convirtió.

Y en el extraño que ahora era.

Juana me miró.

—“¿Qué pasa?”

Le conté todo.

Ella escuchó en silencio.

—“¿Y qué vas a hacer?” —preguntó.

No supe qué responder.

Pasaron días.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top