Lo miré fijamente.
—“El perdón no se pide cuando ya perdiste todo.”
El hombre no respondió.
—“Se pide cuando todavía hay algo que salvar.”
—
Esa noche, no pude dormir.
Pensé en Juan.
En el niño que cargué.
En el joven que crié.
En el hombre en que se convirtió.
Y en el extraño que ahora era.
Juana me miró.
—“¿Qué pasa?”
Le conté todo.
Ella escuchó en silencio.
—“¿Y qué vas a hacer?” —preguntó.
No supe qué responder.
—
Pasaron días.
Leave a Comment