…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Sin miedo.

Sin esconderme.

Sin sentirme menos.

Y entendí algo que nunca había entendido en Estados Unidos.

No era pobre allá por falta de dinero.

Era pobre… porque había perdido mi valor.

Un día, mientras trabajaba, llegó un hombre.

Trajeado.

Elegante.

Me observó por un rato.

Luego se acercó.

—“¿Usted es José Martínez?”

Me sorprendí.

—“Sí…”

—“Vengo de Los Ángeles.”

Sentí un golpe en el pecho.

—“¿Qué pasa?”

—“Su hijo… Juan… está en problemas.”

No dije nada.

Esperé.

—“Su esposa lo dejó.”

Eso no me sorprendió.

—“Y…”

El hombre dudó.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top