…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Mi hijo.

Pero también… algo más.

Había dejado una ilusión.

La ilusión de que todo había valido la pena.

Llegamos a un pequeño pueblo en México.

No teníamos nada.

Ni casa.

Ni trabajo.

Ni dinero.

Solo nosotros.

Y nuestra dignidad.

Los primeros días fueron duros.

Dormimos en un cuarto prestado.

Comimos lo poco que podíamos.

Busqué trabajo, pero no era fácil. Ya no era joven. Mi cuerpo ya no era el mismo.

Pero no me rendí.

No sabía hacerlo.

Conseguí trabajo en una pequeña construcción. Pagaban poco. Muy poco.

Pero era algo.

Juana empezó a cocinar y vender comida.

Poco a poco… empezamos de nuevo.

Desde cero.

Otra vez.

Pasaron los meses.

Y algo curioso empezó a pasar.

Volví a sentir paz.

Por primera vez en años… dormía tranquilo.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top