…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Cuando me vio, intentó sonreír.

Pero no pudo.

Me senté a su lado.

Nos tomamos de la mano.

No dijimos nada por unos minutos.

No hacía falta.

—“¿Estás bien?” —me preguntó finalmente.

Asentí.

—“¿Y tú?”

—“Contigo… sí.”

Siempre fue así ella.

Fuerte.

Incluso cuando todo se derrumbaba.

Cuando cruzamos la frontera, sentí algo extraño.

No era alivio.

No era tristeza.

Era… vacío.

Había dejado mi vida del otro lado.

Mi casa.

Mis recuerdos.

Mi esfuerzo.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top