…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Mi trabajo.

Mi reputación.

Pero lo peor… fue perderte a ti.

Ahora entiendo todo.

Cada sacrificio.

Cada esfuerzo.

Cada cosa que hiciste por mí.

Y me duele.

Me duele como nunca antes.

No espero que me perdones.

Solo quiero que sepas que daría todo… por regresar el tiempo.

Tu hijo…”

No pude seguir leyendo.

Las lágrimas no me dejaron.

Juana me abrazó.

—“Todavía es tu hijo.”

—“No lo sé…”

—“Sí lo sabes.”

La miré.

—“¿Y si vuelve a fallar?”

—“Entonces será su responsabilidad.”

—“¿Y si me vuelve a lastimar?”

Ella sonrió con tristeza.

—“Eso también.”

Pasé días pensando.

Luchando conmigo mismo.

Hasta que finalmente… entendí algo.

El dolor no desaparece con el tiempo.

Pero sí puede transformarse.

Y yo tenía una elección.

Quedarme con el rencor…

o cerrar el ciclo.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top