…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Le respondí.

Una sola carta.

Corta.

Directa.

“Juan…

No olvides lo que hiciste.

Pero tampoco olvides quién puedes llegar a ser.

El perdón no borra el pasado.

Pero abre la puerta al futuro.

Si quieres volver a ser mi hijo…

empieza por ser un hombre.

Aquí no tienes una casa.

Pero tienes una oportunidad.

No la desperdicies.”

No sé qué pasará después.

No sé si volveremos a vernos.

No sé si algún día todo volverá a ser como antes.

Pero sí sé algo.

Lo que hice…

cambió todo.

No por venganza.

No por orgullo.

Sino por dignidad.

Porque al final…

uno puede perderlo todo.

El dinero.

La casa.

El país.

Incluso a las personas.

Pero hay algo que nunca se debe perder.

El valor de uno mismo.

Y ese día…

lo recuperé.

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