Familia campesina desapareció en Coahuila, 12 años después un dron captó su camioneta oxidada entre…

Familia campesina desapareció en Coahuila, 12 años después un dron captó su camioneta oxidada entre…

Un día, don Chui encontró algo que hizo que el corazón de todos se detuviera. Una pieza de tela roja enganchada en un arbusto deche a unos 15 km del camino principal. La tela estaba descolorida por el sol, pero era del mismo tono que la camisa que Ramiro vestía el día de la desaparición, según recordaba doña Carmen.

La noticia corrió rápido. Los familiares llegaron al lugar con una mezcla de esperanza y terror. Don Chuy examinó los alrededores con cuidado. Buscó más pistas, huellas de vehículos, restos de una fogata, cualquier cosa, pero no había nada más. Solo aquel pedazo de tela meciéndose suavemente con el viento. Doña Carmen tomó la tela entre sus manos temblorosas, la apretó contra su pecho y lloró sin consuelo. Es de mi nieto.

Sé que es de mi nieto repetía entre solozos. Los primos de Elisa llevaron la tela a la comandancia esperando que se hiciera algún tipo de análisis, pero el oficial apenas la miró. Puede ser de cualquier persona, dijo con indiferencia. Esto no prueba nada. Necesitamos algo más concreto. La frustración era insoportable.

¿Qué más necesitaban? ¿Un cuerpo, una confesión? La familia sentía que estaban gritando en el vacío, que nadie realmente los escuchaba. Mientras tanto, los rumores en la región comenzaron a volverse más sombríos. Se decía que en aquellos años varios grupos del crimen organizado utilizaban caminos rurales para trasladar mercancía ilegal, que había puntos de control clandestinos donde detenían a cualquiera que pasara, que algunas personas eran confundidas con rivales o informantes y desaparecían sin dejar rastro. Un periodista local

publicó un artículo breve sobre la desaparición de los Salazar. mencionando que eran ya la cuarta familia en desaparecer en la región en menos de 2 años. Pero el artículo pasó desapercibido. En aquel entonces las noticias de violencia y desapariciones eran tan comunes que la gente había desarrollado una especie de insensibilidad.

Era la forma de sobrevivir emocionalmente en medio del caos. Don Martín y don Vicente continuaron pegando carteles. Esta vez ampliaron el radio. Monclova, Saltillo, Torreón, incluso Monterrey. Gastaron todo lo que tenían en viajes, en copias de los carteles, en llamadas telefónicas. Visitaron estaciones de radio locales pidiendo que difundieran la información.

Algunos periodistas los entrevistaron, pero las noticias duraban un día y luego eran reemplazadas por otras tragedias. La Procuraduría Estatal realizó una conferencia de prensa donde presentó cifras sobre las desapariciones en Coahuila. El número era alarmante, más de 1000 personas desaparecidas en los últimos 3 años.

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