Petro destruye a una estudiante con pelo azul que insultó a los creyentes
Respetar no significa estar de acuerdo, significa reconocer que los demás tienen derecho a pensar distinto. Eso es democracia. Algunas personas en el público comenzaron a asentir. Una mujer en la segunda fila aplaudió tímidamente. Otros la imitaron. La joven miró a su alrededor irritada por la reacción. Claro, todos aplauden al presidente, dijo con ironía, pero nadie cuestiona lo que realmente causa la religión. Guerras, odio, fanatismo.
Petro bajó la mirada un instante y luego volvió a hablar. Y también ha dado refugio, esperanza y sentido a millones. La religión no es el problema. El problema es lo que las personas hacen con ella. Un nuevo murmullo recorrió el auditorio. La estudiante se quedó sin palabras unos segundos. Su respiración era rápida.

Se notaba que quería responder, pero no encontraba cómo. Petro dio un paso más hacia delante con una expresión tranquila, pero firme. No necesitas fe para ser buena persona, continuó. Pero si alguien encuentra consuelo en creer, no le quita valor ni inteligencia, solo demuestra que busca algo en lo que confiar. La joven apretó el micrófono con fuerza.
Su voz se quebró un poco. Yo solo quiero que la gente piense por sí misma. Y eso está bien, contestó Petro. Pero pensar por uno mismo también implica aceptar que otros piensen distinto sin que eso los haga menos. El público volvió a aplaudir. Esta vez el sonido fue más fuerte. Algunos incluso se pusieron de pie.
Petro no sonró, pero se notaba que había recuperado el control total del ambiente. La estudiante bajó la mirada intentando disimular el temblor en sus manos. Petro se inclinó levemente hacia el micrófono y remató. La libertad no sirve de nada si se usa para humillar. La frase retumbó en todo el auditorio. Por primera vez, la joven no respondió, solo permaneció en silencio mirando al suelo.
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