Un multimillonario muere quemado vivo a manos de su esposa, pero una joven pobre aparece para salvarlo y cambiar el destino de todos

Un multimillonario muere quemado vivo a manos de su esposa, pero una joven pobre aparece para salvarlo y cambiar el destino de todos

A veces lo hace con las personas que duermen a su lado.

Escuchó pasos acercarse. Después, una voz femenina, suave, elegante, fría.

—Háganlo. Aquí nadie va a encontrarnos.

El corazón de Alejandro dio un golpe salvaje.

Reconoció la voz de inmediato.

Valeria.

Su esposa.

Sintió primero incredulidad, luego una punzada seca en el pecho, más dolorosa que el miedo a morir. Quiso decir su nombre. Quiso convencerse de que estaba equivocado. Pero entonces el perfume llegó hasta él, nítido, inconfundible, ese aroma caro a jazmín oscuro que Valeria usaba todos los días.

No había error posible.

Un hombre encendió un encendedor. El chasquido sonó pequeño, pero en el silencio espeso de la selva fue como un disparo. La llama tembló azul y amarilla, mínima, mortal.

Alejandro cerró los ojos detrás de la venda.

Había vencido competidores, sobrevivido a crisis, construido riqueza desde la nada. Pero había fallado en el único lugar donde nunca pensó que podía perder: su propia casa.

La llama tocó las hojas.

El fuego empezó a correr.

Y entonces, desde algún punto oculto entre raíces y sombras, surgió un sonido distinto. Algo muy leve. Hojas moviéndose donde nadie debía estar. Un cuerpo pequeño deslizándose pegado al suelo.

Al otro lado del claro, escondida detrás de un tronco enorme, una niña observaba sin respirar.

Se llamaba Nayeli.

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