Un millonario busca una madre para sus hijos… pero una simple empleada doméstica lo cambia todo…

Un millonario busca una madre para sus hijos… pero una simple empleada doméstica lo cambia todo…

Tomás siguió mirando hacia el jardín.

—Los niños están otra vez con Fernanda.

Catalina inclinó un poco la cabeza.

—Sí. Y justamente quería hablarte de eso.

Él la miró por fin.

—¿Hablarme de qué?

Ella respiró hondo, como si le costara decirlo.

—No creo que sea sano. Están desarrollando un apego excesivo. Son niños, Tomás. Confunden cariño con dependencia… y después sufren.

Tomás guardó silencio. En el fondo sabía que algo en esas palabras tenía lógica, pero había una diferencia entre la lógica y la verdad. Y Catalina era experta en disfrazar una cosa de la otra.

—Necesitan amor —murmuró él.

Catalina sonrió apenas.

—Sí. Pero no de cualquiera.

Fernanda no escuchó esa conversación. Estaba en la cocina ayudando a los niños a lavarse las manos cuando Nico la miró con sus ojos inmensos y le preguntó:

—¿Tú te vas a quedar con nosotros para siempre?

Fernanda se quedó inmóvil un segundo.

No era una pregunta de niño. Era una súplica.

Le acarició el cabello.

—Mientras ustedes me necesiten, aquí voy a estar.

Pero ya era tarde. Catalina había decidido mover sus piezas.

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