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Mi esposo millonario llevó a casa a una anciana sin hogar y me ordenó: “Báñala tú misma. No quiero que lo haga el personal”. Me puse guantes, molesta por tener que tocarla, pero al limpiar su hombro apareció una pequeña marca en forma de media luna. La esponja cayó de mi mano… porque yo había visto esa misma marca 20 años atrás.

Había guardado aquel relicario durante 20 años. Lo abrí. Dentro seguía la diminuta fotografía de una mujer joven abrazando a una niña de 10 años. Yo era esa niña. —Ella…
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