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Atada a una silla de ruedas, con la mandíbula cerrada con alambres, vi los escalones frente a mí mientras mi cuñada me jalaba el cabello. “Disfruta el concreto, sanguijuela inválida. Mi hermano y yo por fin cobraremos tu seguro de vida”, escupió, empujándome. No grité. No podía. Solo presioné el botón oculto bajo el reposabrazos… y escuché un clic bajo sus pies.

PARTE 1 “Disfruta el golpe, mantenida inútil… mi hermano y yo ya estamos listos para cobrar tu seguro de vida.” Eso me susurró Paulina mientras me jalaba del cabello con…

Atada a una silla de ruedas, con la mandíbula cerrada con alambres, vi los escalones frente a mí mientras mi cuñada me jalaba el cabello. “Disfruta el concreto, sanguijuela inválida. Mi hermano y yo por fin cobraremos tu seguro de vida”, escupió, empujándome. No grité. No podía. Solo presioné el botón oculto bajo el reposabrazos… y escuché un clic bajo sus pies.

PARTE 2 Paulina gritó como si la casa entera la hubiera mordido. No cayó a un abismo. Cayó al viejo cuarto de la cisterna, debajo del porche, sobre unos colchones…
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