Mi esposa esperó a que los médicos me dieran solo 5 días de vida para inclinarse sobre mi cama y susurrarme: “Te he estado envenenando”. Creyó que mis 82 millones de dólares ya eran suyos y de su amante, pero mientras ella brindaba por mi muerte, yo pedí una pluma y firmé el documento que nadie esperaba.
Parte 2: El licenciado Ernesto Saldaña había sido abogado de Arturo durante 18 años. Conocía cada empresa, cada terreno, cada pleito fiscal y cada herida familiar que el empresario escondía…





